Si la mancha aparece junto a la chimenea, lo más probable es que el agua entre por el encuentro entre la chimenea y el tejado, no por la chimenea en sí. Ese encuentro, sellado con una pieza metálica llamada babero, es uno de los puntos que más filtraciones provoca en cualquier cubierta.
Pero no es el único: el remate superior, la propia fábrica y hasta la condensación del conducto pueden dar síntomas parecidos.
En esta guía explicamos las cinco vías por las que entra el agua, cómo distinguirlas desde casa y qué reparación necesita cada una. También lo que no conviene hacer, porque las chimeneas acumulan más «apaños» que ningún otro punto del tejado.
En una línea: mancha que crece con lluvia y viento → babero o encuentro superior. Mancha marrón con olor a hollín → agua por dentro del conducto o condensación. Pared de la chimenea húmeda en el desván → fábrica porosa. La silicona o la espuma no reparan ninguna de las tres.
Por qué la chimenea es el punto más delicado del tejado
Una chimenea es un volumen rígido que atraviesa una superficie que se mueve. El faldón trabaja con la humedad, el viento y los cambios de temperatura; la fábrica de ladrillo o piedra apenas lo hace. La unión entre los dos tiene que absorber ese movimiento durante décadas sin abrirse.
Además, la chimenea es un obstáculo en el camino del agua. Todo lo que baja por el faldón desde la cumbrera choca contra su cara superior y tiene que desviarse por los laterales. Con la lluvia de temporal que entra en Lugo de componente oeste y norte, ese encuentro recibe agua a presión durante horas.
Las cinco vías por las que entra el agua
| Vía | Síntoma típico | Reparación |
|---|---|---|
| Babero lateral o frontal despegado, perforado o mal solapado | Mancha en el techo junto a la chimenea, solo con lluvia | Babero nuevo con contrababero empotrado |
| Encuentro superior sin desviador | Mancha en la cara de arriba, peor con lluvia fuerte | Babero trasero o cuña desviadora |
| Albardilla o remate roto | Agua o restos por dentro del conducto | Albardilla nueva con goterón o sombrerete |
| Fábrica porosa: llagas abiertas, ladrillo o piedra que absorbe | Pared de la chimenea húmeda en el desván | Rejuntado y tratamiento hidrófugo transpirable |
| Condensación en el conducto | Manchas marrones, olor a hollín, también sin lluvia | Ventilación o entubado del conducto |
En la práctica se combinan. Una chimenea con el babero vencido suele tener también las llagas abiertas, porque el agua que entra por un sitio va degradando el mortero de alrededor. Por eso el diagnóstico tiene que mirar las cinco antes de decidir qué se repara.
Cómo saber cuál es la tuya
Hay pistas que puedes leer sin subir al tejado. Fíjate en cuándo aparece la mancha: si solo crece con lluvia acompañada de viento de una dirección concreta, apunta al babero de ese lado. Si aparece también en días secos y fríos, sospecha de condensación.
Fíjate después en cómo es. Un cerco claro con borde marcado es agua de lluvia. Una mancha marrón o negruzca, a veces pegajosa y con olor a hollín, indica agua que ha atravesado el conducto y arrastra restos de combustión.
Si puedes acceder al desván, toca la fábrica de la chimenea: si está húmeda en toda su altura, el agua entra por el ladrillo o la piedra.
La confirmación llega con la prueba de agua: se moja la cubierta por sectores, empezando lejos de la chimenea y acercándose, con pausas entre tramo y tramo.
Es el mismo método que usamos para cualquier filtración y que explicamos con detalle en cómo detectar una gotera en el tejado. En chimeneas, lo habitual es que la humedad reaparezca en pocos minutos al mojar el encuentro correcto.

Cómo se repara bien un babero
Un babero correcto tiene dos piezas que trabajan juntas. La primera, el babero propiamente dicho, se apoya sobre la teja o la pizarra y se mete por debajo de la hilada superior, de forma que el agua siempre corra por encima.
La segunda, el contrababero, se empotra en una roza abierta en la fábrica y cae sobre la primera, tapando la unión.
Esa separación en dos piezas es lo que permite que la chimenea y el tejado se muevan cada uno a su ritmo sin abrir una grieta. En los laterales se resuelve con piezas escalonadas que siguen las hiladas; en la cara superior, con un babero trasero o una pequeña cuña que reparte el agua hacia los lados.
- Plomo: el material tradicional. Se adapta a piedra irregular y a teja curva, y dura décadas si tiene el espesor adecuado.
- Zinc o cobre: muy duraderos, propios de cubiertas de pizarra y de edificios con cierto valor arquitectónico.
- Aluminio lacado: más económico y ligero, adecuado en teja mixta y fábricas regulares.
Así resolvimos una humedad en la chimenea de una vivienda del Casco Histórico: retirada del plomo levantado y de la primera hilada de teja alrededor del tiro, saneado del mortero hasta soporte firme y babero nuevo, todo en una jornada y con acceso por la buhardilla.
La reparación, paso a paso
- Acceso seguro por andamio, plataforma o buhardilla, con línea de vida.
- Prueba de agua por sectores para confirmar el punto de entrada.
- Desmontaje de la primera hilada de teja o pizarra alrededor de la chimenea y retirada del babero viejo, la espuma y las masillas de apaños anteriores.
- Revisión del soporte: rastrel, tablero y brochal. Si hay madera dañada, se sustituye antes de seguir.
- Babero nuevo en todas las caras, con contrababero empotrado en roza y piezas escalonadas en los laterales.
- Recolocación de las piezas, rejuntado de la fábrica si hace falta y nueva prueba de agua antes de bajar.
En una chimenea de vivienda, con acceso razonable, todo el proceso suele resolverse en una o dos jornadas.
Chimeneas en cubiertas de pizarra
En las cubiertas de pizarra de la montaña lucense y de muchas casas grandes de la provincia, el encuentro con la chimenea se resuelve de forma distinta. No hay mortero: las piezas se cuelgan con ganchos y el agua se desvía con chapas de zinc o plomo que se intercalan entre las pizarras.
En los laterales se colocan piezas metálicas escalonadas, una bajo cada hilada, que suben por la fábrica y quedan cubiertas por el contrababero. Si alguna se ha desplazado o se ha roto el gancho de la pizarra que la cubre, el agua encuentra el hueco.
La reparación exige desmontar y volver a colgar las piezas sin pisar las sanas, algo que solo se hace bien desde plataforma o andamio.
Albardilla, sombrerete y fábrica
La parte de arriba de la chimenea también se moja. La albardilla, la losa o pieza que remata el cuerpo, debe tener pendiente y un goterón que separe el agua de la fábrica. Cuando está partida o es plana, el agua cae por las paredes y termina dentro.
Si la chimenea sigue en uso, se puede colocar un sombrerete que impida la entrada de lluvia sin reducir el tiro; en ese caso conviene coordinarlo con quien mantiene la estufa o la caldera.
En fábricas de ladrillo o piedra porosa se rejuntan las llagas con mortero compatible —de cal en la piedra antigua— y se aplica un hidrofugante transpirable, que repele el agua sin cerrar el poro.
Chimeneas que ya no se usan
Es más habitual de lo que parece: la chimenea de una cocina antigua o de una calefacción sustituida, que nadie mira porque no funciona. Sigue siendo un agujero en el tejado. Hay dos opciones sensatas.
La primera es cegarla y rematarla con una albardilla ventilada, manteniendo una pequeña ventilación para que el conducto no acumule condensación. La segunda es desmontarla por debajo de la cubierta y retejar la zona: desaparece el punto singular y, con él, el riesgo.
En edificios protegidos o en cascos históricos esta segunda opción puede requerir autorización, porque la chimenea forma parte de la imagen exterior.
Es una decisión que planteamos con frecuencia en nuestro trabajo de reparación de tejados en Lugo y provincia, sobre todo en casas de piedra con varias chimeneas de las que solo se usa una.
Lo que cuesta dejarla para más adelante
Una gotera junto a la chimenea tiene un agravante: casi siempre cae sobre la madera más comprometida del tejado. Los pares que se interrumpen para dejar paso al conducto se apoyan en una pieza transversal, el brochal, que recibe el agua del encuentro y la retiene contra la fábrica, donde no ventila.
Cuando la filtración dura varios inviernos, el brochal se pudre y con él los extremos de los pares que sostiene. Lo que empezó como un babero de una jornada se convierte en una reparación de estructura, con el faldón abierto alrededor de la chimenea.
A eso se suman el yeso del techo, la pintura y, en chimeneas con hollín, manchas que atraviesan cualquier pintura normal.
Lo que no funciona
- Silicona o masilla sobre el mortero. Se despega con el primer ciclo de heladas y, además, oculta el defecto a quien venga después.
- Espuma de poliuretano. Absorbe agua, se degrada con el sol y empuja las tejas. La retiramos en buena parte de las chimeneas que reparamos.
- Pintar la chimenea con impermeabilizante no transpirable. El agua que ya está dentro no puede salir y acaba por saltar el revestimiento.
- Tela asfáltica pegada sobre la teja. Funciona unas semanas; después levanta por los bordes y conduce el agua justo hacia el punto que pretendía proteger.
En una chimenea, el sellado es lo último y lo menos importante. El agua la detiene el solape de las piezas: si el babero está bien montado, podría quitarse la masilla y no entraría una gota.
Equipo técnico de Reparación de Tejados Lugo
Si tu mancha encaja con alguno de estos casos, cuéntanos cómo y cuándo aparece en el formulario de presupuesto. Con una buena descripción ya podemos orientarte antes de subir, y si nos escribes por correo puedes añadir un par de fotos del techo.

